Género, Rol y desarrollo psicosocial en niños y niñas de 0 a 6 años

Leyendo el “Manual para el apoyo y seguimiento del desarrollo psicosocial de los niños y niñas de 0 a 6 años” del gobierno para el cuidado integral, y sobre todo mental de los pequeños, encontré una descripción muy importante de su desarrollo que me pareció pertinente exponer de manera textual.

Lean con detenimiento:Niños

Los niños y las niñas son diferentes, ni mejores ni peores

El problema no es aceptar que niños y niñas son diferentes, el problema aparece cuando se concluye que unos son mejores que otros en algunas tareas o actividades o, lo más frecuente, que las niñas son peores que los niños. Las diferencias de género son eminentemente culturales, pero serán percibidas de una manera “natural”: “soy niña”, “soy mujer”, no puedo hacer esto o lo otro, debo hacer tal cosa. Lo mismo sucede con los niños.

Cada niño o niña que nace es único y distinto, no por su sexo, sino por ser una persona

Las personas atribuyen diferentes roles o expectativas de comportamiento a las personas en función de su sexo. De alguna manera esperan que una persona se comporte “como hombre” o “como mujer”. Culturalmente acepta que todas estas diferencias tienen una explicación natural o biológica, lo que no es cierto. Incluso, se ha demostrado que cuando los adultos interaccionan con el hijo o la hija desde etapas muy tempranas, le proporcionan más sonrisas y caricias si creen que es una niña (aunque sea un niño) y que si piensan que es un niño (aunque sea una niña) lo mueven con más energía y brusquedad.

Diferencias en niñosLos niños y las niñas son diferentes pero iguales

Indudablemente, las diferencias existen: anatómicas, biológicas y algunas formas educativas deben adaptarse a estas diferencias. Pero se trata de manera diferente a niños y niñas en aspectos que no debieran establecer diferencias, como por ejemplo en las actividades que se realizan y en expresión de los sentimientos. A las niñas se las “entretiene” con actividades más tranquilas, menos activas físicamente; se les habla más y las consuela más cuando lloran (porque “los niños no lloran”); a las niñas se las refuerza para mostrar sus sentimientos, para ser más “sensibles”. También se espera que las niñas adquieran mayor autonomía y con más rapidez, por ejemplo, en el control de esfínteres. Durante los primeros tres años de vida los niños se muestran más activos que las niñas, y reciben por ello más estimulación física, se les tolera más conductas agresivas y violentas que a las niñas.

No existen juguetes “para niñas” que no deben tener los niños, ni juguetes “para niños” que no deben tener las niñas. Todos los juguetes que no estimulen conductas agresivas y que no sean riesgosos, son apropiados para niñas y niños.

Los juguetes representan uno de los mejores ejemplos de cómo la sociedad y las familias educan diferencialmente aChildren playing outdoors los niños. A partir de los 4 años, los niños comienzan a imitar las conductas de los adultos, de las personas que tienen a su alrededor. La imitación, el modelado, es uno de los principales medios de socialización y de formación de la identidad sexual. El juego y los juguetes tienen un papel fundamental en estos procesos. La comprensión de los procesos mediante los cuales actúan los determinantes sociales permite realizar intervenciones muy tempranas, desde la gestación, para que el proceso de socialización del niño o la niña no esté marcado por la aceptación de las desigualdades, la violencia y la discriminación por sexo, por nivel socioeconómico, por etnia o por cualquier otra condición, sino enriquecida por la valoración de las diferencias. Los procesos educativos explícitos en estas orientaciones tienen como finalidad contribuir a transformar las relaciones de género, para que tanto mujeres como hombres dispongan desde su nacimiento, de las mismas oportunidades de desarrollar su potencial y de establecer asociaciones y relaciones igualitarias, entre los géneros, basadas en el respeto mutuo y el diálogo, así como, compartiendo funciones y responsabilidades públicas y privadas en sistemas sociales inclusivos.

Lo más importante de las experiencias sensoriales y motoras tempranas es que lleguen a tener para el niño o la niña un significado social, no solo le generen sensaciones de placer, relajación o activación sino que, su propia respuesta a estos estímulos tenga la capacidad de inducir cambios en otra u otras personas, es decir, que produzca interacción humana.

Referencia:

Ministerio de Salud. (2008). Manual para el apoyo y seguimiento del desarrollo psicosocial de los niños y niñas de 0 a 6 años. Recuperado de http://web.minsal.cl/sites/default/files/files/2008_Manual-para-el-Apoyo-y-Seguimiento-del-Desarrollo-Psicosocial-de-los-Ninos-y-Ninas-de-0-a-6-Anos.pdf

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