Milein

Hola, ¿Cómo estás?
tanto tiempo sin verte…
no me acordaba de tu sonrisa,
es que el viento,
mas bien la brisa,
ocultaron el lamento
y también la dicha…
como aquel firmamento
que el crepúsculo durmió.

Es un día anhelante
al que pude dar contigo,
fue sólo un instante,
como suerte en el camino…
Estás linda hoy día,
¿Será que el cielo en ti confía?
para que muchos despertemos
con tu abrigo de alegría,
para que muchos solapemos,
el frío y la apatía.
Déjame abrasarte, sentirte cerca…
hueles distinto,
debe ser por la trenca
que viste distinto,
tu alma sin dolor,
curándose al no ser condescendiente
para el antojo del amor,
de no ser permisivo,
y de saber decir no.

En serio, te ves radiante,
puede que sea tu cabello,
tus ojos,
tus colgantes,
no lo sé…
es que el recuerdo me hace desconfiar.
Como quisiera pronunciar tu hermosura inefable,
que torpeza la mía…
de no poder expresarme…
Así que te ha ido bien,
la experiencia te ha dado cordura,
ahora sabes organizar,
la valentía y la ternura,
para así afrontar,
las más truncadas dudas,
que antes mimaban con recelo,
tu bello corazón.

Gracias,
me enseño mucho tu llanto,
rocío gélido en silencio,
que anunciaba desencanto,
por aquel nombre sin vergüenza,
que el tiempo acumuló…
pero, ¿Sabes algo?,
acunó un valor:
No hay hombre ni mujer que valga una herida,
a no ser que éste la sane,
lo siento mucho querida,
lamento incésate aquel dolor,
pero educó fiero,
y laceró el rencor,
y bueno,
ya sabes mi perdón.

¿Andabas con alguien?
ah… que bueno…
por lo menos se ve alguien serio…
triste socaire,
adorno de mi omisión,
acopia mentira
que no debo mostrar,
por favor alegría,
acompaña mi pesar…

Bueno, eso,
Ya te dejo, sólo prométeme algo…
cada vez que necesites de alguien
para lo que sea tu favor,
acuérdate de mí,
que ya no tengo dolor.
No hagas como muchos
que el recuerdo lo hacen amargo,
yo quiero ser tu brío,
no me dejes en letargo.
Chao…cuídate, que estés bien…
Gracias por no marchitar nunca tu sonrisa…

Llega la calma teñida de negro…

La Luna clama una sonrisa, pero la Noche la oculta con dolor. Apiádate de mi Aflicción, mi amada Alegría encontró refugio y ella se llama Amor. Contigo Consuelo me quedo, hazme hábito de tu ilusión, te puedo decir algo, hazme cariño, te lo pido por favor.

Sugiéreme Destino,
¿Vulnero el silencio o camino esquivo?…

Diego C., De el Toconao del alma, Santiago, 2009.

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  1. Reblogueó esto en seisonce.

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