Hoy Dios no está aquí ni vendrá (Pos) 1ª parte

Las pruebas sobre la existencia de Dios

….Empezaremos con las cinco vías que Santo Tomás de Aquino desarrolló hace más de 700 años para demostrar la existencia de Dios, desde un conocimiento a posteriori, es decir una manera de aproximarse a la realidad divina desde la experiencia sensible, que va de lo conocido a lo desconocido, de lo sensible a lo espiritual, de los efectos a la causa suprema.
Primera vía: Se funda en el movimiento

1) Es innegable, y consta a nuestros sentidos, que hay cosas que se mueven, es decir, que cambian. No se trata sólo del movimiento en sentido físico (locomoción), sino en sentido metafísico, es decir, como paso de la potencia al acto (cambios de una condición a otra, de un ser a otro, etcétera).
2) Pues bien, todo lo que se mueve, cambia, muda o transforma es movido por otro, ya que nada se mueve más que cuando está en potencia respecto a aquello para lo que se mueve. En cambio, mover requiere estar en acto, ya que mover no es otra cosa que hacer pasar algo de la potencia al acto, y esto no puede hacerlo más que lo que está en acto. Por ejemplo, el fuego hace que un leño -que está caliente sólo en potencia- pase a estar caliente en acto. Pero no es posible que una misma cosa esté, a la vez, en potencia y en acto respecto a lo mismo, sino en orden a cosas diversas. Es imposible que una misma cosa sea, por lo mismo y de la misma manera, motor y móvil, como también lo es que se mueva a sí misma. Por consiguiente, todo lo que se mueve es movido por otro.
3) Pero, si lo que mueve a otro es, a su vez, movido, es necesario que lo mueva un tercero, y a éste otro. Mas no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor, y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud del movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano.

Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie.

4) Este primer motor que no es movido por nadie es el que todos entienden por Dios. Luego Dios existe.

Segunda vía: Se basa en la causalidad eficiente

1) Nos consta por experiencia que hay en el mundo sensible un orden determinado entre las causas eficientes, pues están subordinadas esencialmente entre sí para la producción de un efecto común.
2) Pero no se da, ni es tampoco posible, que una cosa sea causa de sí misma, ni en el orden del ser ni en el de la operación, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible.
3) Ahora bien: esa serie de causas eficientes, subordinadas esencialmente entre sí, no se puede prolongar indefinidamente, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, y ésta causa de la última. Cada una de estas causas actúa por influjo de las causas que la preceden. Y así tenemos que, suprimida una causa se suprime su efecto. Por consiguiente, si no existiese una causa primera, tampoco existiría la intermedia, ni la última. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera y, por tanto, no habría efecto último, ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces.

Por consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente primera.

4) Esta causa eficiente primera, que no es causada por ninguna otra, a la que están subordinadas todas las demás causas; es decir, esta causa eficiente incausada es llamada por todos Dios. Luego Dios existe.

Tercera vía: Se fundamenta en la contingencia de los seres

1) Es evidente que hallamos en la naturaleza seres que pueden existir o no existir, pues vemos seres que vienen a la existencia por generación y seres que se destruyen por corrupción; es decir, seres que no tienen en sí mismos la razón de su existencia, sino que están condicionados por otros seres, y, por tanto, hay posibilidad de que existan y de que no existan. Estos seres reciben el nombre de seres contingentes.
2) Ahora bien: es imposible que los seres contingentes hayan existido siempre, ya que lo que tiene la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que no fue. Es decir, los seres contingentes, que tienen la posibilidad de existir y de no existir, reciben la existencia, no por sí mismos, sino por otro ser que ya existe. Así, pues, los seres contingentes son, por esencia, efecto, seres que piden causa, seres que alguna vez han comenzado a existir causados por otro.
Pero, como ya se demostró antes (segunda vía), es imposible y absurdo que haya una serie infinita de seres contingentes, es decir, de causas subordinadas, ya que es imposible que sólo existan efectos.

Por consiguiente, los seres contingentes exigen la existencia de un ser que no haya comenzado a existir; un ser no causado, que exista por sí mismo; un ser que ha existido siempre. A este ser se le llama ser necesario.

3) Pero el ser necesario, o tiene la existencia por sí mismo, o la ha recibido de otro ser necesario superior. En esta segunda hipótesis, si el ser necesario ha recibido su existencia de otro ser necesario superior, es imposible aceptar una serie indefinida de seres necesarios. Es forzoso, por tanto, admitir la existencia de un ser necesario que exista por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de los demás seres.
4) A este ser necesario, que no tiene la existencia recibida de otro, sino que existe por sí mismo, en virtud de su propia naturaleza, es al que todos llaman Dios. Luego Dios existe.

Cuarta vía: Considera los grados de perfección que hay en los seres

1) Vemos en los seres que unos son más o menos buenos, más o menos verdaderos y nobles que otros; y lo mismo ocurre con las diversas cualidades. Así, por ejemplo, nadie duda que el hombre es más perfecto que el animal; el animal, más perfecto que el vegetal; y éste más perfecto que el mineral. Lo propio se ha de decir de la bondad, de la verdad, de la nobleza y de otras perfecciones semejantes, las cuales están realizadas en todos los seres según una diversidad de grados, en virtud de la cual unos seres son más perfectos que otros.
2) Pero la diversidad de grados que se da en esas perfecciones, es decir, las cosas más o menos buenas, más o menos verdaderas, más o menos bellas, etc., suponen la existencia de lo máximo; están reclamando un ser óptimo, verdaderísimo, bellísimo, etc. En otras palabras, esos grados de perfección son algo causado por otro, el cual, si posee esas perfecciones en grado limitado, las tendrá, a su vez, causadas por otro.
3) Pero como es imposible admitir una serie infinita de causas limitadas, causadas, en este proceso de ascensión, llegamos a una primera causa en donde todas esas perfecciones se encuentran en grado sumo y en toda su plenitud. Por lo tanto, ha de existir algo que sea verísimo, nobilísimo, bellísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo, pues lo que es verdad máxima es máxima entidad.

Ahora bien: quien tiene una perfección pura en grado máximo, o por esencia, es causa de esta perfección en todos aquellos que la poseen en grado inferior, o por participación. Además, no puede ser más que un único ser, una única perfección subsistente en sí misma, una única perfección en toda su plenitud y totalidad.

4) Por consiguiente, existe algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad, de su belleza y de todas sus perfecciones, porque se trata del Ser sumo, de la Verdad suma, de la suma Bondad; y a este ser todos lo llamamos Dios. Luego Dios existe.

Quinta vía: Se toma del gobierno del mundo

1) Vemos que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene, es decir, su plena evolución y desarrollo, o la conservación de su especie, o el orden dinámico del cosmos, etc., por lo que se comprende que no van a su fin obrando al azar, sin rumbo ni orientación, sino intencionadamente.
2) Ahora bien: los seres que carecen de conocimiento no pueden tender a sus respectivos fines si no los dirige un ser inteligente que conozca dicho fin, a la manera como el arquero dirige la flecha.
3) Esta inteligencia ordenadora no puede estar ordenada por una serie indefinida de inteligencias, sino que es preciso llegar a un ser inteligente supremo, que consiste en su mismo acto de entender, un entender infinito, subsistente y único; es decir, que es el origen y el fundamento de todas las demás inteligencias que conocen y dirigen las cosas carentes de conocimiento a sus propios fines.
4) Luego existe un Ser inteligente supremo que dirige todas las cosas naturales a sus respectivos fines, y a este Ser lo llamamos Dios. Luego Dios existe.

Desde la Biblia

Junto a estas cinco pruebas también podemos llegar a constatar la existencia de Dios aproximándonos a la realidad desde un fundamento bíblico:
a) Conocimiento de Dios por medio de la creación
La Sagrada Escritura atestigua este principio: la razón humana puede conocer a Dios por medio de la creación, pues las cosas creadas son testimonio permanente de su Autor y llevan a su Conocimiento con alcance universal.
En este sentido, en el Libro de la Sabiduría encontramos dos motivos por los cuales el hombre puede alcanzar el conocimiento de Dios. Uno es la belleza que hay en las criaturas: por la contemplación de las diversas bellezas creadas, el hombre puede alcanzar el conocimiento de Aquel que es la fuente de toda belleza, Dios, Belleza Suprema. El otro motivo es el poder y la fuerza que existe en la naturaleza creada: las fuerzas de la naturaleza son un reflejo de la Omnipotencia de Aquel a quien se someten todas las potencias.
“Vanos son por naturaleza todos los hombres que ignoran a y no alcanzan a conocer por los bienes visibles a Aquel-que-es, ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice; sino que al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las lumbreras del cielo los consideraron como dioses, rectores del universo. Si, seducidos por su belleza, los tuvieron como dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de todos ellos, pues es el Autor mismo de la belleza quien los creó. Y si se admiraron de su poder y de su fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su Creador; pues, de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se llega por razonamiento al claro conocimiento de su Autor. Con todo, no merecen éstos tan grave reprensión, pues tal vez caminan desorientados buscando a Dios y queriéndole hallar. Ocupados en sus obras, se esfuerzan en conocerlas, y se dejan seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se presentan a sus ojos! Pero, por otra parte, tampoco son éstos excusables; porque, si llegaron a adquirir tanta ciencia y fueron capaces de investigar el universo, ¿Cómo no llegaron más fácilmente a descubrir a su Señor?” (Sabiduría 13, 1-9).
b) Conocimiento de Dios por los grados de perfección
Los grados de perfección que el hombre conoce en la naturaleza reflejan la perfección absoluta de un Dios único y personal, al que todos los hombres son llamados a adorar y a seguir.
“La cólera de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad e injusticia de los hombres, que aprisionan la verdad en la injusticia; pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo por el conocimiento que de ellas nos dan las criaturas, de forma que son inexcusables; porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en vanos razonamientos, y su insensato corazón se llenó de tinieblas: jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles. Por eso, Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén”. (Rom 1, 18-25; ver Hech 14, 14-18; 17, 22-30).
En esta carta, el Apóstol San Pablo enseña claramente que el que no reconoce a Dios lo hace por opción libre, pues no se trata sólo de no percibir lo invisible de Dios en las cosas visibles, sino de un cerrazón del corazón que no quiere reconocer a Dios como Señor, y le niega el dominio sobre el hombre y sobre las cosas. Así, el hombre se degrada, no es capaz de reconocer su puesto en un mundo que se ha convertido en desordenado y caótico, y no acierta a descubrir la dimensión divina que aflora en todas las cosas.
c) El testimonio de la conciencia
Asimismo, en la Sagrada Escritura encontramos otro medio a través del cual el hombre puede conocer a Dios: se trata de su conciencia, la cual expresa tanto la existencia de Dios como la ley natural que Dios escribió en el corazón de todo hombre.
“Cuando los gentiles, que no tienen Ley, cumplen las prescripciones de la Ley guiados por la razón natural, sin tener Ley son para sí mismos Ley -es decir, obran según su conciencia-. Y con esto muestran que los preceptos de la Ley están escritos en sus corazones, siendo testigo su conciencia con los juicios que, alternativamente, ya les acusan o bien les defienden”. (Rom 2. 14-15).
Los que no han recibido la Revelación de Dios conocen por su razón natural los principios esenciales que informan la ley natural. En la intimidad de su corazón, todo hombre tiene grabada una ley moral natural que participa de la ley eterna de Dios.
Por último, podemos también llegar a demostrar la existencia de Dios desde la propia experiencia interior.
Experiencia personal de Dios
Hay muchas personas que no necesitan de esos argumentos antes señalados para creer y amar a Dios, la experiencia interior de percibirse volcado hacia algo eterno lo conduce hacia Aquel Único Eterno, Dios mismo que toca el corazón para entrar en una infinita comunión de amor, en un diálogo personal e intenso.
Es más, el mismo hecho de estar en mayor sintonía con el sello que con su Imagen Dios ha marcado al hombre, lleva a la persona a acercarse a Dios de manera natural, teniendo la convicción de la existencia de Dios como la luz del día o las estrellas de la noche.. Justamente, como imagen de Dios, el hombre conserva esa convicción divina no como algo extraño y añadido por la presión de la cultura, sino como algo propio, como el fundamento radical de su ser, como la luz que explica el dinamismo de su vida, y como el amor en el que encuentra su plenitud.
Ejemplos en la historia de la Iglesia hay muchos, que al momento de ver el propio interior se encuentran con Aquel que ilumina cada espacio del propio ser.
Vemos esto en el testimonio de San Agustín: “Y he aquí que oigo de la casa vecina una voz, no sé si de un niño o de una niña, que decía cantando, y repetía muchas veces: ¡Toma, lee; toma, lee! Y al punto, inmutado el semblante, me puse con toda atención a pensar, si acaso habría alguna manera de juego, en que los niños usasen canturrear algo parecido; y no recordaba haberlo jamás oído en parte alguna. Y reprimido el ímpetu de las lágrimas, me levanté, interpretando que no otra cosa se me mandaba de parte de Dios, sino que abriese el libro y leyese el primer capítulo que encontrase. Porque había oído decir de Antonio, que por la lección evangélica, a la cual llegó casualmente, había sido amonestado, como si se dijese para él lo que se leía: “Ve, vende todo cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; y ven y sígueme” (Mt 19, 31); y con este oráculo, luego se convirtió a Vos. Así que volví a toda prisa al lugar donde estaba sentado Alipio, pues allí había puesto el códice del Apóstol al levantarme de allí; lo arrebaté, lo abrí y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos: ‘No en comilonas ni embriagueces; no en fornicaciones y deshonestidades; no en rivalidad y envidia; sino vestíos de nuestro Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne para satisfacer sus concupiscencias’ (Rom 13, 13-14). No quise leer más, ni fue menester; pues apenas leída esta sentencia, como si una luz de seguridad se hubiera difundido en mi corazón. todas las tinieblas de la duda se desvanecieron”.
También, como testimonios más cercano a nuestra época, tenemos al Cardenal Newman, que en su afán de profundizar en la vida interior, se convierte al catolicismo por la oración y el estudio. Asimismo, está Claudel que se siente conmovido en su espíritu al oír el canto del Magníficat en una tarde de Navidad; y confiesa:

“Qué dichosas son las personas que creen! Pero… si fuera verdad… ¡Es verdad! ¡Dios existe, está ahí! ¡Es alguien, es un ser tan personal como yo! Me ama. Me llama”.

( extracto (casi completo….jejeje) http://www.unav.es/capellania/fluvium/textos/documentacion/eti163.htm )
Dios… ¿Existe o no?
Está es una pregunta que en la época moderna tuvo un fuerte desarrollo, a tal grado que muchas de las mentes materialistas decidieron eliminarlo de su concepción ideológica, con lo cual abrieron brecha al ateísmo o sea la no- creencia en Dios. Aunque vale la pena puntualizar que ha perdido fuerza en la mente de la civilización post-moderna.
¿Existe Dios?
¿Tu que crees, cual es tu respuesta a esta pregunta que no se puede ignorar y que quieras o no resuena en tu mente? Quizá lo tengas definido, quizá tienes duda. Pero tal vez en más de alguna ocasión te has preguntado… ¿Ralamente existe Dios? Generalmente en nuestra sociedad se ha dicho que Él existe, nuestras familias en su mayoría profesan tener una creencia de Dios. Pero aunque durante mucho tiempo ha sido este el concepto de nuestra cultura, hoy nos hemos mezclado con otras culturas sin salir de nuestra tierra. Han sido los medios de comunicación los que han jugado un papel muy importante en esta mezcla de culturas, principios, moral, ética y creencias. Somos bombardeados por el materialismo y más aun el post-modernismo en la radio, la televisión y ahora uno más (Que por cierto ya lleva algunos años en nuestro medio y que se ha desarrollado asombrosamente, pues hasta en los pequeños pueblos e incluso en aldeas lo encontramos), la Internet. Cabe entonces hacer nuevamente la pregunta ¿Existe Dios?, y debes de iniciar dándote la respuesta a ti mismo, para luego confesarlo con tus palabras y tus hechos. No hay lugar intermedio o crees en Dios o No.
¿Es la vida un sueño, es la realidad que yo decido creer? O ¿Qué es?
Algunos han dicho no importa si existe Dios o no, al fin la vida es un sueño pero si la vida es un sueño, ¿sería posible estar soñando todos la misma cosa?; ¿podríamos tener todos un sueño donde la realidad es la misma? No, si fuese un sueño ustedes por ejemplo no tendrían percepción de la misma realidad, la realidad de que yo Mauricio Aldana este frente a ustedes discutiendo (que dicho sea de paso para algunos es un absurdo porque no existe Dios o porque quizá ¿a quién le importa?), si Dios existe o no.
Necesito a tres de ustedes acá, muy bien, tengo en la mesa varias gafas que tienen vidrios de diferente color. Quiero que tomen cualquiera de esas gafas y que se las pongan ¿cómo perciben todo acá adentro?, ahora cambien de gafas. Muy bien es de otro color este lugar con cada gafa verdad… Gracias siéntense.
“La vida es del color del cristal con que miras”, se ha dicho y en cierta forma es cierto. Ponte gafas oscuras y veras la vida oscura, usa gafas amarillas y veras tu vida amarilla, ponte gafas rosa y tendrás una vida en rosa. Es cierto tu realidad es como la quieres ver pero no es la verdadera realidad, veras tal como es si no tienes puestas ningunas gafas, pues estas distorsionaran o cambiaran la realidad. Estas gafas en tu vida podrán ser prejuicios o ideologías de hombres. Muchas personas no creen la existencia de Dios porque no lo quieren ver, porque no lo quieren escuchar y porque no lo quieren palpar pero, ¿será verdadera la inexistencia de Dios? Si esto fuera cierto dime ¿porqué la insistencia del ateísmo de comprobar que Él no existe?, pues si algo realmente no existe ¿para que preocuparte en (siquiera una vez) comprobar que no existe?
¿Qué dice la ciencia?
Tal vez ahora mismo lo estés pensando, “la ciencia no ha comprobado la existencia de Dios”, o “ninguna prueba científica dice que Dios existe”. Ahora bien, la ciencia no puede medir a Dios como algunos han querido hacer, ¿porqué?, porque Dios es espíritu. Déjame hacer otra afirmación, la ciencia no puede encontrar a Dios ni mucho menos explorarlo. Si pudiera, Él ya no sería Dios o quien lo explora sería un dios. Pues bien, la ciencia misma no contradice la existencia de Dios, por el contrario parece que siempre apunta, en todos su eventos, hacia un Ser Supremo.

¿Qué hay de la creación?
Bueno, será para algunos una mera casualidad, como suelen recitar muchas instituciones académicas, que tienen como fundamente un claro materialismo. ¿Será mera casualidad el orden de los planetas, estrellas, galaxias o el universo?, ¿Será mera casualidad el orden las especies, de flora y fauna?, ¿Será mera casualidad el orden de los elementos en la tierra, el agua o en la naturaleza? o ¿Quizá sea mera casualidad que la raza humana coordine sus pensamientos y acciones, que su organismo trabaje en orden, que sus cinco sentidos puedan percibir de forma ordenada la realidad en la que viven y que millones de millones de células trabajen ordenadamente pera el perfecto funcionamiento del mismo?, no creo en esa mera casualidad.
Si no existiera Dios sería entonces nuestra realidad millones de casualidades en cadena, la misma naturaleza tendría una coordinación por pura casualidad.
¿Ven este paquete de naipes que tengo sobre la mesa?, están totalmente ordenados, ¿Quiere alguien venir y comprobarlo? Bien ahora tómalos y lánzalos para arriba. (Doy tiempo que caigan todos los naipes y pregunto). ¿Tienen el orden que tenían al principio?, ¡No! La probabilidad que volviesen por si solos a su orden es de una en el infinito, es imposible. Como no tiene sentido que esperemos que por si mismos los naipes tomen su orden luego de lanzarlos para arriba, tampoco tiene sentido creer en la teoría que la creación es una mera casualidad. Tuvo que existir un Ser Supremo que crease esta maravilla que percibimos y en la que accionamos.

¿Qué se necesita para negar la existencia de Dios?
Para negar que Dios exista es imperativo el comprobar que Él no se encuentra en ningún punto del universo, ni más allá. Si queremos afirmar la inexistencia de Dios debemos de conocer todo… ¿Será esto posible?
El Dr. J. Edwin Orr, cuenta de la conversación que tuvo con uno de sus compañeros ateos y el inicia preguntando:
“¿Crees en la Biblia?”. El compañero contestó: “La Biblia es solamente un libro.”
• “Sí, pero es un libro inspirado”, repliqué yo. (El Dr. Orr)
• “Porque tú lo dices”, respondió él. (el compañero)
• Insistí: “¿Tú crees en Cristo?”
• Él respondió: “Cristo está muerto.”
• Resucito otra vez”, le dije yo
• “Porque tú lo dices”, dijo él
• Le pregunté de nuevo: “¿Crees en Dios?”
• El dijo: “No, soy ateo.”
• “Entonces, ¿qué crees”, le pregunté.
• “Creo que la religión es un cuento.”
• “¡No!”, dije yo.
• “¡Sí!”, dijo él.
• “Porque tú lo dices”, le respondí.
Para los agnósticos es simple, ” el que Dios exista o no”, ¿a quién le importa?, al fin nadie sabe eso, no les interesa probar ninguna de las dos opciones, les es indiferente. Y cuidado quizá tú seas uno de ellos. Bien cierto es que no podemos probar la existencia de Dios por la razón de experimentos científicos, pero como dije anteriormente no podemos negar su existencia. Por lo tanto la fe en Dios es plenamente razonable.
Argumentos que gritan… ¡Dios existe!
Se que al decirte que tengo argumentos de que Dios existe, quizá esperes que te presente pruebas maravillosas o sobrenaturales o quizá pienses: vamos a ver a Dios esta mañana. Pero no quiero ser triunfalista tampoco quiero desilusionarte al decirte que parte de esas pruebas es parte de lo que hemos estado hablando este día.
• La primera es el origen del universo. La creación del universo y el principio de la vida sobre la tierra fueron acontecimientos únicos. La ciencia no podrá demostrar jamás como ocurrieron, ya que exige experimentos repetidos y evidencia empírica observable. Sin embargo, muchos creen que los científicos tienen la última palabra sobre cómo apareció el universo. Es más, muchos creen que la ciencia ha demostrado que la creación bíblica nunca ocurrió. La teoría del creacionismo, en contra de lo que comúnmente se cree, encaja con los descubrimientos científicos actuales. Los científicos la llaman la primera ley de la termodinámica. Esta ley se basa en que la materia se puede convertir energía, así como el calor que resulta al quemar un tronco. Entonces no se puede crear energía o materia de la nada. Nuestro universo es materia y energía, ¿de donde salieron? A pesar de su sus esfuerzos ningún científico ha encontrado la respuesta. Por lo tanto la creación es la única teoría verosímil que alguien ha podio ofrecer. Por siglos los científicos habían dicho que el universo es eterno, esta ley lo descarta. Fue Albert Einstein quien descubrió la teoría de la relatividad, esta teoría demuestra que el universo esta en movimiento desde un comienzo. Aun cuando no le gustaba a Einstein (por ser ateo), su propio descubrimiento lo llevo a admitir que el universo tuvo un inicio. Ahora bien, si hay un origen, ¿acaso debería haber un originador?
• La segunda prueba es el origen y orden de la naturaleza también le podemos llamar la prueba teleológica. Esta va muy ligada a la anterior, por mucho tiempo los científicos han afirmado fuertemente el Big-bang o como diríamos en español la Gran Explosión. Esta afirma que todo lo que hay en el universo es causa de una gran explosión, lo cual dio el origen de todo en el universo y el orden de todo lo que en él observamos. Uno de los más notables eruditos sobre el cosmos, Stephen Hawking, admite que esta teoría ni siquiera trata de contestar a la pregunta de dónde venimos tanto nosotros como el resto del universo. Realmente esta teoría tiene sus lagunas o fallas pues de una explosión ¿Qué resulta, un orden sistemático como el que vemos en la tierra y universo? O ¿destrucción y caos? ¿Recuerdan los naipes? No tomaron el orden que tenían luego de lanzarlos al aire. Eso es lo que plantea dicha teoría, la vida ordenada que vemos hoy día fue el resultado de una Gran Explosión. ¿Por qué existe orden y leyes que ordenen un universo que por casualidad apareciera del caos? O ¿es que quizá hubo un diseñador? Una inteligencia con propósito es responsable del orden de la naturaleza y el universo.
“¿Puedes ver estos dos insectos en el frasco?, sí, si son abejas. Te diré algo de ellas que quizá te sorprenda. Por muchos años los hombres las han observado con una mezcla de temor y asombro puros. Este pequeño insecto tiene una sabiduría y una habilidad prodigiosa y misteriosa que le permite realizar algunos de los más complicados procesos de manufactura conocidos en el mundo de hoy. De las flores la abeja extrae un fluido llamado néctar. Y mediante un proceso secreto lo manufactura en una miel deliciosa para nuestro deleite. A propósito ¿Sabías que este es el único insecto domesticado entre más de seiscientos mil? La abeja es una trabajadora que da miedo. El trabajo para hacer una sola libra de miel incluye cincuenta mil viajes de ida y regreso de las flores a la colmena. Y para recoger una libra de miel, aun donde las flores son abundantes, se requiere un total de vuelo de no menos de 80,000 kms. Esto viene a ser igual a dos viajes alrededor del mundo. ¡Por una libra de miel! Pero a la abeja poco le importa. Las alas de la abeja son tremendamente eficientes, y como sucede con toda la creación, están bellamente diseñadas. El ala delantera más grande tienen un lomo en su borde trasero, pueden acercarse a verlo si quieren, de manera que al ir volando la abeja engancha cada par para formar dos alas únicas, a fin de obtener más velocidad y poder.
La abeja es útil no solamente por su líquido de oro, sino que hace también cera de abejas. La abeja toma esta cera hecha en alguna manera del polen de las flores, y fabrica un panal. Ahora el panal es perfectamente una maravillosa serie de celdillas hexagonales que exhibe verdadera habilidad de ingeniería, vean este pequeño trozo que traje, ¿les parece casualidad que todos tengan la misma medida? Cómo es que las abejas lo hacen, parece que realmente, nadie lo sabe. No parece haber ningún jefe de ingeniería impartiendo órdenes, pero todas las obreras van derecho a la tarea y muy pronto el panal se ve provisto de hileras de estas celdillas hexagonales. Y más de 1,000 abejitas deben nacer diariamente en una colmena mediana para reponer a las que mueren, ya que la abeja vive únicamente unos 35 días. La respuesta al conocimiento de la abeja es: todo es casualidad o ¿Será que hay un Diseñador sabio y amoroso?”
• La moral del hombre es también una cuestión que no podemos ignorar, dentro de sí el hombre en mayor o menor medida es un ser moral. Por ejemplo que decir del robo o del asesinato, a ningún ser de sobre la tierra le parece correcto que le roben o que le quiten la vida a otro por antojo. A todo ser humano le parece correcto que le respeten como individuo, todos queremos tener nuestro espacio, nuestra vida privada. (Aunque en algunas ocasiones lo reclamamos solo para nosotros pero no lo mostramos para otros). La conciencia y emociones existe en cierto grado en cada individuo, y no creo que la simple materia sea la causa de la moral. Realmente esto no prueba la existencia de Dios; pero son muestra que un Gran Ser dotó de esta naturaleza a los hombres, confirmando una verdad que ya es conocida con intuición. ¡Hay un Creador! Entonces tenemos un origen santo.
Algunos otros argumentos podrían ser:
• La Razón
• La Intuición
• La Revelación
¿Es razonable la fe en Dios?
Luego de lo que hemos dicho, hay tres cosas que hacen necesaria la existencia de Dios:
• Poder Creador – Origen del Universo
• Inteligencia Diseñadora – Orden de la naturaleza
• Origen Santo – Sentimientos morales
Pero dejaremos claro que la creencia de que Dios existe esta sujeta a la fe, pues no le vemos. La fe es un presentimiento intuitivo (Hebreos cap. 11), ésta es un imperativo y no tan solo digna de confianza, todo se puede probar (por ejemplo el microscopio o el telescopio), menos la fe pues esto es algo inherente, interno e intangible en el ser humano. Debemos de estar concientes también que la experimentación científica tiene distinta finalidad que la interpretación bíblica. Veamos como se relata la creación en el Génesis (leemos secciones del Génesis), vemos como hay un Creador y Diseñador de todo. Probablemente digas tener dificultad de creerlo, hay algunos que argumentan que es una leyenda pues toda cultura tiene una leyenda de la creación. Por ejemplo nosotros tenemos el Popol-Vuh en Guatemala, imagino que lo han leído o quizá has leído otras leyendas a cerca de la creación, pero como habrás notado ningún relato se apega a la ciencia, solamente el Génesis, es cierto, la ciencia confirma el relato de la creación.
Quizá me digas: No creo que la Biblia sea veraz. Permíteme darte algunos argumentos al respecto:
• Describe los pecados y fallos de los héroes bíblicos con toda franqueza
• Sus autores fueron acreditados por Dios con señales y milagros por ejemplo la profecía
• Fue preservada con relatos escritos y copiados con cuidado
• Está unida en propósito a pesar de todos sus escritores y épocas
• Cristo es la Revelación Suprema
• Los Milagros
• La Profecía o sea la predicción de los sucesos futuros
• Casi todos sus relatos han tenido prueba histórica, la arqueología a contribuido mucho a ello
Me gustaría ahora que escuches con ambos oídos mientras dirijo tu atención a la meta para la cual he presentado todo este discurso. ¡NO BASTA SABER QUE DIOS EXISTE ¡ No basta mirar alrededor y reconocer, como lo he venido sugiriendo, la riqueza de las obras de Dios. Su poder y su sabiduría. No basta estar seguro de que Dios es supremo y, por lo tanto, digno de recibir la adoración del espíritu del hombre y el homenaje de sus corazones. Repito, esto no basta.
Sin embargo, todos deben hacerlo. En efecto, la Biblia afirma solemnemente que la persona que en presencia de esta preponderancia de evidencia, todavía comete el error de no reconocer a Dios, ¡Es Necio! (Sal. 14:1). Quiero advertirte, y lo hago con toda formalidad que ver a Dios únicamente en la vélelas y el ordenamiento de la creación, es perecer eternamente. Permíteme que te explique. Las evidencias a favor de Dios en el universo son para señalarte el camino de salvación. Todas estas maravillas de la creación son como flechas para dirigirte a los medios por los cuales puedes obtener la vida eterna. Constantemente afirman… “Hay un Dios… Es un Dios grande… Él te hizo… Es un Dios de diseño, de orden, de perfección….” Permíteme agregar a esto: Dios es un Dios santo… un Dios infinitamente santo. Y es aquí donde surge la dificultad. Porque nosotros somos pecadores. Nacimos en pecado (Sal. 51:3), y practicamos el pecado (Rom. 3:23). Además, la paga del pecado es muerte (Rom. 6:23a) y esa muerte es muerte eterna (Apoc. 20:12-15) Todos necesitamos entablar relaciones con Dios.
Pero no desesperes, hay un camino. Un camino que Dios mismo a preparado. Este lleva al perdón y a una vida abundante y completa a todo el que lo desee y esta abierto para todos. Ese camino es JESUCRISTO. Él vino al mundo haciéndose como uno de nosotros, como el Don incomparable de Dios para la raza perdida de los hombres (Jn. 3:16). Vivió una hermosa vida sin pecado (Jn. 8:46). Una vida buena nunca salvará a nadie (Ef. 2:8-9), como tampoco ninguna cantidad de buenas obras (Tit. 3:5).
Pero hay buenas nuevas. Cristo murió (I Cor. 15:3) y el camino hacia Dios está ahora abierto. Dios no quiere que nadie se pierda (2 Ped. 3:9). ¿Y cómo puedo ser salvo? Pues es sencillo, primero, reconócete pecador perdido y condenado (Rom. 3:23), y reconócete desprovisto de todo mérito, y sin esperanza, muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1b). Mira a Jesucristo como el único que puede salvarte plenamente (Jn. 1:29). Cree que Él murió por ti y que resucitó (Rom. 4:25). Recíbelo como a tu propio salvador personal, vivo y amoroso, para el tiempo y para la eternidad (Hech. 8:37). Recíbele como tuyo propio (Jn. 1:12). Si has decidido creer esto y lo has confirmado delante de Dios… ¡TU ERES SALVO! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).


Bibliografía

Lalonde, Peter y Paul, 301 Sorprendentes pruebas y profecías, Editorial Caribe, Nashville, TN. EE.UU. 1997
Orr, J.Edwin, 100 preguntas acerca de Dios, Editorial CLIE, Terraza, Barcelona, España. 1974
Orr, William, ¿Existirá Dios?, Editorial caribe, Miami, Florida, EE.UU. 1972
( autor: Mauricio Aldana) mauricio_aldana[arroba]hotmail.com

¿Existe Dios? ¿Hay evidencia de la existencia de Dios?
Pregunta: “¿Existe Dios? ¿Hay evidencia de la existencia de Dios?”

Respuesta: ¿Existe Dios? Encuentro interesante que se de tanta atención a este debate. Las últimas encuestas nos dicen que sobre el 90% de la gente en el mundo de hoy, cree en la existencia de Dios o en algún poder más alto. Sin embargo, de algún modo, la responsabilidad se coloca sobre aquellos quienes creen que Dios existe, para de alguna manera probar que El en realidad existe. Yo personalmente pienso que la responsabilidad está sobre los que no creen.

Sin embargo, la existencia de Dios no puede ser probada o desmentida. Aún la Biblia dice que deberíamos aceptar por fe, el hecho de que Dios existe, “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Si Dios lo deseara así, simplemente podría aparecer, y probar a todo el mundo que El existe. Pero si lo hiciera, no habría necesidad de fe. “Jesús le dijo: porque me has visto, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).

Sin embargo, eso no significa que no hay evidencia de la existencia de Dios. La Biblia declara, “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras” (Salmos 19:1-4). Al mirar las estrellas, al entender la inmensidad del universo, al observar las maravillas de la naturaleza, al ver la belleza de la puesta del sol – vemos que todas ellas apuntan hacia un Creador, Dios. Si esto no fuera suficiente, también hay evidencia de Dios en nuestros propios corazones. Eclesiastés 3:11 nos dice, “…y ha puesto eternidad en el corazón de los hombres…” Hay algo en lo profundo de nuestro ser, que reconoce que hay algo más allá de esta vida y alguien más allá de este mundo.

Intelectualmente podemos negar este conocimiento, pero la presencia de Dios en nosotros y a través de nosotros, todavía está ahí. A pesar de todo esto, la Biblia nos advierte que todavía hay algunos que niegan la existencia de Dios, “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1). Debido a que sobre el 98% de la gente a través de la historia, en todas las culturas, en todas las civilizaciones, en todos los continentes, creen en la existencia de algún tipo de Dios – debe haber algo (o alguien) que causa esta creencia.

Además de los argumentos bíblicos para la existencia de Dios, hay argumentos lógicos. Primero, tenemos el argumento ontológico. La forma más popular del argumento ontológico, usa básicamente el concepto de Dios para probar Su existencia. Este comienza con la definición de Dios como “Ese del cual no puede ser concebido uno más grande”. Entonces se sostiene que existir es mayor que no existir, y por tanto el mayor ser concebible debe existir. Si Dios no existió, entonces Dios no sería el mayor ser concebible – pero eso iría a contradecir la definición misma de Dios. El segundo es el argumento teológico. El argumento teológico dice que desde que el universo despliega tal maravilloso diseño, debe haber habido un diseñador Divino. Por ejemplo, aún si la tierra estuviera unos pocos cientos de millas más cerca o más lejos del sol, no sería capaz de mantener mucha de la vida que en la actualidad lo hace. Si los elementos en nuestra atmósfera fueran diferentes aún en un pequeño porcentaje, cada cosa viviente sobre la tierra moriría. Las probabilidades de una simple molécula de proteína formada por casualidad es 1 en 10 elevado a la potencia 243 (es decir, 10 seguido de 243 ceros). Una simple célula consta de millones de moléculas de proteína.

Un tercer argumento lógico para la existencia de Dios es el denominado argumento cosmológico. Cada efecto debe tener una causa. Este universo y todo lo que en el hay es un efecto. Debe haber algo que causó que todo existiera. A la larga, debe haber algo “sin-razón” a fin de provocar que todo lo demás exista. Esa “sin-razón” es Dios. Un cuarto argumento es conocido como el argumento moral. Cada cultura a través de la historia ha tenido alguna forma de ley. Todos tienen un sentido de lo correcto y lo erróneo. El asesinato, la mentira, el robo, y la inmoralidad son rechazados casi universalmente. ¿De dónde vino ese sentido de lo correcto y lo erróneo, sino de un Dios santo?

A pesar de todo esto, la Biblia nos dice que la gente va a rechazar el conocimiento claro e innegable de Dios, y en lugar de ello, creer una mentira. Romanos 1:25 declara, “Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.” La Biblia también proclama que la gente no tiene excusa para no creer en Dios, “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

La gente demanda no creer en Dios porque “no es científico” o “porque no hay pruebas”. La razón verdadera es que una vez que la gente admite que hay un Dios, también deben darse cuenta de que son responsables hacia Dios y que están necesitados de Su perdón (Romanos 3:23; 8:23). Si Dios existe, entonces somos responsables por nuestras acciones hacia El. Si Dios no existe, entonces podemos hacer lo que queramos sin tener que preocuparnos porque Dios nos juzgue. Creo que esa es la razón por la que muchos en esta sociedad, están tan fuertemente aferrados a la evolución – para dar a la gente una alternativa de creer en un Dios Creador. Dios existe y a la larga todo el mundo sabe que El existe. El hecho mismo de que algunos intenten tan agresivamente refutar Su existencia es de hecho un argumento para Su existencia.

Permítame dar un último argumento para la existencia de Dios. ¿Cómo sé que existe Dios? Yo sé que Dios existe porque hablo con El todos los días. No lo escucho hablándome con voz audible, pero siento Su presencia, siento Su guía, conozco Su amor, deseo Su gracia. Han ocurrido cosas en mi vida que no tienen otra explicación posible sino Dios. Dios me ha salvado tan milagrosamente y ha cambiado mi vida que no puedo sino reconocer y alabar Su existencia. Ninguno de estos argumentos en sí, pueden persuadir a alguien que rehúsa reconocer lo que es tan claro. Al final, la existencia de Dios debe ser aceptada por fe (Hebreos 11:6). La fe en Dios no es un salto ciego a la oscuridad, este es un paso seguro a una habitación bien iluminada en donde ya se encuentra el 90% de la gente.
(Como no tengo el autor si su dirección: http://www.gotquestions.org/Espanol/Existe-Dios.html )
¿Existe Dios?
Jimmy Williams

Introducción
Opciones metafísicas

La mayoría de las personas estará de acuerdo en que la cuestión más básica y fundamental acerca de la existencia no es que no haya nada aquí, sino más bien que haya algo aquí. Yo formo parte de algún tipo de realidad. Yo tengo conciencia, la percepción de que algo está transcurriendo, desarrollándose, ocurriendo. Y usted y yo somos parte de esto. La realidad que surge de nuestra observación y experiencia personal es que somos participantes de un universo espacio-temporal que se caracteriza por una serie de sucesos. La mente, naturalmente, se pregunta: “¿Qué es esto? ¿De dónde vino?”. ¿Acaso el cosmos, lo que vemos, simplemente vino a la existencia de la nada, o ha estado, este universo material del cual formamos parte, siempre aquí? ¿O es que algo o alguien, que trasciende este universo material, es responsable de traerlo a la existencia, y a nosotros con él?
Todas estas preguntas tienen que ver con el concepto filosófico de la metafísica. El diccionario Webster lo define de la siguiente forma: “Aquella división de la filosofía que incluye la ontología, es decir la ciencia del ser y la cosmología, o la ciencia de las causas y procesos fundamentales en las cosas”.{1} Cuando intentamos contestar estas preguntas básicas, estamos pensando “metafísicamente” acerca del origen y las causas de la realidad presente. Y en este nivel básico y fundamental de consideración, en realidad nos quedan pocas opciones, o respuestas posibles, para dar razón o explicar el universo. Los tres candidatos potenciales son:
(1) Algo surgió de la nada. La mayoría rechaza este punto de vista, ya que la idea misma desafía la racionalidad. Esta explicación para justificar el universo tiene poco apoyo. Kenny señala: “Según la teoría del big bang, toda la materia del universo comenzó a existir en un momento específico del pasado remoto. Un proponente de esta teoría . . . si es un ateo, debe creer que la materia del universo surgió de la nada y por la nada”.{2} Dado que la nada no puede producir algo, por las reglas de la lógica (observación, causalidad), algo es eterno y necesario. Dado que toda serie de sucesos no es eterna (por lo tanto, una contradicción), hay, por lo tanto, algo no idéntico al universo espacio-temporal que es eterno y necesario.
(2) La materia es eterna, y es capaz de producir la realidad presente mediante el azar ciego. Carl Sagan estableció este punto de vista claramente cuando dijo: “Todo lo que fue alguna vez, todo lo que es, todo lo que será alguna vez, es el Cosmos”.{3} Este segundo punto de vista ha dado origen a dos cosmovisiones básicas: el materialismo (o naturalismo) y el panteísmo. Ambas tienen como premisa que no existe nada más allá de la materia. El materialismo, por lo tanto, es ateo por definición. El panteísmo es similar, pero insiste en que, dado que Dios no existe, la naturaleza está imbuida de “dios” en todas sus partes.
(3) Dios creó el universo. Este punto de vista, el teísmo, sostiene que Alguien trasciende y a la vez creó el universo material del cual formamos parte. No hay ninguna otra alternativa lógica para explicar el cosmos. Los cristianos, por supuesto, aceptan este tercer punto de vista, junto con todos los demás teístas, como la explicación más razonable de lo que encontramos como cierto acerca de nosotros y del mundo. Sostener este punto de vista no es una simple declaración de fe ciega. Hay argumentos sólidos y racionales para preferir este punto de vista por sobre los otros dos. El teísmo, por lo tanto, es una idea razonable. De hecho, es más razonable creer que Dios existe que no creer que existe. Los teólogos han planteado varias líneas de “pruebas” para argumentar a favor de la existencia de Dios. Estos argumentos, si bien no demuestran la existencia de Dios, no obstante brindan perspectivas que pueden ser usadas para mostrar evidencias de su existencia.
El argumento cosmológico
Este argumento se centra en el concepto de causalidad. Todo suceso tiene una causa, y esto incluye el universo. Tuvo un principio. Hubo un tiempo en que no existía, y un tiempo en que existía:
“Una cantidad infinita de partes de tiempo reales, pasando sucesivamente y agotadas una tras otra, aparece como una contradicción evidente que ningún hombre, pensaría uno, cuyo juicio no esté corrompido en vez de mejorado por las ciencias, alguna vez podría admitir” (énfasis mío).{4}
Hume está sosteniendo aquí que el tiempo y el espacio no son infinitos, no son eternos. Si esto es cierto, el universo, que es un “efecto”, tuvo una causa. Robert Jastrow comenta:
“El estudio más completo hecho hasta ahora ha sido realizado por . . . Allan Sandage. Él recopiló información sobre 42 galaxias distribuidas por el espacio hasta seis mil millones de años de luz de distancia. Sus mediciones indican que el universo se estuvo expandiendo más rápidamente en el pasado que hoy. Este resultado presta mayor apoyo a la creencia de que el universo se originó con una explosión”.{5}
Sigue diciendo:
“No se ha encontrado ninguna explicación fuera del big bang para la radiación de la bola de fuego. El argumento decisivo, que ha convencido casi al último escéptico, es que la radiación descubierta por Penzias y Wilson tiene exactamente el patrón de longitudes de onda esperado para la luz y el calor producidos en una gran explosión”.{6}
Jastrow concluye también que el universo se está muriendo:
“Una vez que el hidrógeno se ha consumido dentro de esa estrella y se ha convertido en elementos más pesados, nunca podrá ser restaurado a su estado original. Minuto a minuto, año tras año, la provisión de este elemento en el universo se vuelve menor”.{7}
“Los astrónomos encuentran ahora que se han quedado sin alternativas, porque han demostrado, mediante sus propios métodos, que el mundo comenzó abruptamente en un acto de creación donde uno puede encontrar las semillas de cada estrella, cada planeta y cada cosa de este cosmos y sobre esta tierra. Y han encontrado que todo esto ocurrió como producto de fuerzas que no pueden esperar descubrir”.{8}
Algunos han sostenido que un retroceso infinito de causas podría no ser lógicamente posible. Dicen que el universo no es un “todo” que necesita una única causa, ¡sino más bien es “mutuamente dependiente” de sí mismo! La dependencia mutua no es el tema. El verdadero asunto es por qué hay un universo existente en vez de un universo no existente. La realidad y la racionalidad sugieren que todo suceso tiene una causa. Las series enteras de sucesos deben tener una causa también (dado que el todo es la suma de las partes). Si todas las partes fueran quitadas, ¿quedaría algo? Si decimos sí, entonces Dios existe (es decir, un ser eterno necesario que es más que el mundo). Si decimos no, entonces el todo es contingente también, y necesita una causa más allá de él (Dios).
Concluiremos esta sección con un análisis de la pregunta que probablemente más frecuentemente se hace con relación al argumento cosmológico: “¿De dónde vino Dios?”. Si bien es a la vez razonable y legítimo hacer esta pregunta con relación al universo que acabamos de analizar, es irracional y no tiene sentido hacer la misma pregunta acerca de Dios, ya que sugiere que tiene características que sólo se encuentran en el universo finito: espacio y tiempo. Por definición, algo eterno debe existir fuera de este continuo del espacio-tiempo. ¡La pregunta planteada misma revela la falacia del que la hace de razonar desde su propio contexto de espacio-tiempo! Por definición, algo eterno debe existir fuera del tiempo y del espacio. Dios no tiene principio; ¡Él ES! (Éxodo 3:14).
El argumento teleológico
Este segundo argumento a favor de la existencia de Dios trata con el orden, la complejidad y la diversidad del cosmos. La palabra “teleológico” viene del griego “telos”, que significa “fin” o “meta”. La idea detrás del argumento es que el orden observable en el universo demuestra que funciona según un diseño inteligente, algo innegable para un ser inteligente y de mente abierta. La expresión clásica de este argumento es la analogía del relojero de Paley, en su libro Evidences. Si estuviésemos caminando por la playa y encontráramos un reloj en la arena, no supondríamos que fue arrojado sobre la costa luego de haber sido formado a través de los procesos naturales y los movimientos del mar. Más bien supondríamos que el dueño lo perdió y que en alguna parte hubo un relojero que lo diseñó y construyó originalmente con un propósito específico en mente. La inteligencia no puede ser producida por la no inteligencia, así como la nada no puede producir algo. Hay, por lo tanto, una inteligencia eterna y necesaria presente y reflejada en el universo del espacio-tiempo.
Hasta hace unos quinientos años, la humanidad no tuvo ninguna dificultad en reconocer a Dios como el Creador del orden natural. La mejor explicación lo consideraba como el Diseñador divino que lo creó con un propósito y mantuvo todas las cosas por la palabra de su poder (Hebreos 1:3; Colosenses 1:17). Pero el surgimiento de la ciencia moderna inició un proceso que podríamos denominar “la desmitologización de la naturaleza”, el mundo material. La superstición y la ignorancia habían atribuido vida espiritual al bosque, al arroyo y a la montaña. Las cosas que no se entendían científicamente eran aceptadas rutinariamente como la operación de fuerzas sobrenaturales y no explicadas. Lentamente, el factor misterioso y espiritual fue purgado y reemplazado por explicaciones y teorías naturales de los estudiosos y científicos sobre cómo y por qué las cosas funcionaban realmente. Luego de Copérnico, la importancia humana se redujo ante la vastedad del cosmos, y se creía que sólo el tiempo y la investigación, y no Dios, serían necesarios para explicar finalmente con precisión la totalidad del orden natural. La idea de Alguien trascendente llegó a considerarse innecesaria, al haber sido invalidada por la nueva teoría de la selección natural.
Irónicamente, la misma ciencia que quitó a Dios entonces está trayendo de nuevo la posibilidad de su existencia hoy. La física y la mecánica cuántica nos han llevado ahora al borde de lo físico, a un lugar donde las estructuras de partículas subatómicas son descritas por algunos como de una cualidad espiritual o fantasmal. ¡Los neurofisiólogos luchan con observaciones enigmáticas que sugieren que la mente trasciende al cerebro! La psicología ha desarrollado una rama completamente nueva de estudio (la parapsicología) que afirma que fuerzas psicoespirituales (ESP, biofeedback, etc.) llegan a funcionar más allá del mundo físico. Los biólogos moleculares y los geneticistas, enfrentados a las estructuras altamente ordenadas y complejas del ADN, atribuyen una palabra que sugiere “inteligencia” a las secuencias encadenadas: el “código” genético. Y ya hemos concluido que los astrofísicos han aceptado el “big bang”, que parece contradecir la idea de que la materia es eterna y, por gigantesco que sea, el universo parece ser finito. Sea que miremos por el microscopio o el telescopio, se vuelve más difícil, a la luz de la ciencia experimental, sostener la vieja premisa de que este orden y complejidad son productos del azar ciego. Las antiguas suposiciones naturalistas están siendo reexaminadas críticamente, cuestionadas y encontradas poco convincentes por muchos de los científicos de hoy. El Dr. Walter Bradley, profesor emérito de Ingeniería Mecánica de Texas A & M University explica la situación:
“Los descubrimientos de la última mitad del siglo XX han llevado a la comunidad científica a darse cuenta de que el universo y nuestro planeta en el universo son tan asombrosamente únicos que es casi imposible imaginar cómo esto podría haber ocurrido por accidente, lo que lleva a muchos científicos agnósticos a conceder que ciertamente puede requerirse alguna fuerza creativa inteligente para explicarlo”.{9}
Las áreas de reconsideración incluyen la cosmología y el origen de la vida, los elementos esenciales del diseño y su reconocimiento, los requisitos mínimos para que un universo soporte tanto vida de cualquier tipo como la compleja vida humana específicamente, por qué estos requisitos se cumplen en nuestro universo, y los requisitos para un lugar en ese universo, que se cumplen sólo para el planeta Tierra. Todas estas características notables de nuestro mundo están siendo reevaluados y apuntan hacia el diseño inteligente.
El argumento moral
Este argumento a favor de la existencia de Dios está basado en el reconocimiento de sentido inherente universal de la humanidad del bien y del mal (ver Romanos 2:14, 15). No hay ninguna cultura que no tenga normas de comportamiento. Todos los grupos reconocen que la honestidad es una virtud, junto con la sabiduría, la valentía y la justicia. Y aun en las tribus más remotas de la jungla, el homicidio, la violación, la mentira y el robo son reconocidos como malos, en todo lugar y en todo tiempo. Surge la pregunta: “¿De dónde vino este sentido de moral?”. C. S. Lewis habla de esto a principios de su obra Mere Christianity. Llama a esta ley moral “La regla del bien y del mal, algo que está realmente allí, no hecho por nosotros”.{10} Durante años, Lewis luchó contra Dios porque le parecía que el universo era injusto y cruel. Pero comenzó a analizar su indignación. ¿De dónde había sacado él el concepto mismo de lo justo y lo injusto? Dijo: “Un hombre no dice que una línea esta torcida a menos que tenga alguna idea de lo que es una línea derecha”.{11}
Luego sugiere que la moral tiene tres partes. Usando la analogía de una flota de barcos en una travesía, señala que hay tres cosas que pueden funcionar mal. La primera es que los barcos podrían alejarse o chocar entre sí dañándose mutuamente (alienación, aislamiento: gente que abusa de otros, hace trampas, intimida a los demás). La segunda es que los barcos, individualmente, deben estar en condiciones de navegar y evitar tener fallas internas mecánicas (el deterioro moral dentro de una persona). Lewis entonces señala que, si los barcos siguen chocando entre sí no seguirán estando en condiciones de navegar mucho tiempo y, por supuesto, con sus elementos de navegación fuera de servicio, ¡no podrán evitar las colisiones! Pero hay un tercer factor que aún no se ha tomado en cuenta, que es:

“¿Hacia dónde se dirige la flota de barcos?”. ¡La travesía sería un fracaso si la intención es que llegue a Nueva York y en realidad llegara a Buenos Aires (el propósito general de la vida humana, como un todo, aquello para lo cual fue hecho el hombre)!{12}
La conciencia humana que menciona Pablo en Romanos 2 no se encuentra en ningún otro animal; sólo en el hombre. La condición completamente única de esta brújula moral dentro de los humanos, junto con otras cualidades exclusivamente humanas (racionalidad, idioma, adoración e inclinaciones estéticas) sugieren fuertemente que el hombre no sólo tiene una relación hacia abajo, con los animales, las plantas y la tierra, sino también una relación hacia arriba, con el Dios en cuya imagen fue hecho. Así como vimos el gran poder e inteligencia de Dios expresados en los primeros dos argumentos, también vemos aquí que este sentido de moral, no conocido en el mundo de la naturaleza, proviene del Gran Legislador, que es, en sí mismo, en carácter, la “línea recta” (recto, justo, santo) contra la cual se miden todas las acciones humanas.
Unas palabras acerca del ateísmo y el agnosticismo
Un ateo es una persona que hace una aseveración osada: “No existe Dios”. Es osada porque afirma, de una forma absoluta, lo que hemos dicho antes que no es posible; es decir, la existencia o no existencia de Dios no pueden ser probadas absolutamente. Es osada, también, porque, a fin de hacer una aseveración de este tipo, ¡un ateo tendría que ser, literalmente, Dios mismo! ¡Tendría que poseer las cualidades y capacidades para viajar por todo el universo y analizar cada rincón antes que pudiera estar en condiciones de sostener una conclusión tan dogmática!
El humano más brillante, más culto, más viajado de la tierra hoy y que hubiera maximizado sus células cerebrales a niveles de aprendizaje óptimos durante toda una vida no podría de ninguna forma “saber” la milésima parte de todo lo que podría conocerse. ¡Y el conocimiento ahora se está duplicando cada año, en vez de cada década, o siglo, como en el pasado! ¿Es posible que Dios pudiera todavía existir fuera de la experiencia/conocimiento personal muy limitados de un ser humano muy inteligente? Además, ¡antes que un ateo pudiera identificarse como tal, primero debe reconocer la idea o concepto mismo, o posibilidad, de Dios, para que entonces pudiera negar su existencia!
La Biblia dice que “cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe. . .” (Hebreos 11:6). En otras palabras, hay un elemento de “fe” con relación a la creencia en la existencia de Dios. Pero la aseveración dogmática y osada anterior es, en sí misma, una expresión de fe. Se requiere fe para creer que Dios existe, y se requiere fe para creer que no existe. A mi juicio, se requiere aún más fe para que el ateo crea en su posición, porque sostiene su fe frente a una evidencia abrumadora al contrario. Los cristianos afirman también la existencia de Dios basados en la fe, pero es una fe razonable, basada en la verdadera naturaleza del cosmos, y no una fe ciega.
Volviendo al agnosticismo, el diccionario Webster lo define como una posición que afirma que “ni la existencia ni la naturaleza de Dios, ni el origen último del universo es conocido o conocible”.{13} Aquí hay otra afirmación osada: Cuando el agnóstico dice: “Yo no puedo saber”, lo que está dando a entender, en realidad, es: “Yo no puedo saber, tú no puedes saber, y nadie puede saber”. Leith Samuel, en su librito Impossibility of Agnosticism, menciona tres tipos de agnósticos: {14}

El dogmático: “Yo no sé, tú no sabes, y nadie puede saber”. Esta es una persona que ya se ha decidido. Tiene los mismos problemas que el ateo, arriba: tiene que saberlo todo a fin de sostener esta posición sinceramente.

El indiferente: “Yo no sé, y no me interesa”. Es improbable que Dios se revele a alguien a quien no le interesa saber: “El que tenga oídos para oír, que oiga” (Lucas 14:35).


El insatisfecho:
“Yo no sé, pero me gustaría saber”. Esta es una persona que demuestra una apertura hacia la verdad y una disposición para modificar su posición, en caso de tener suficientes razones. Si este fuera el caso, también estaría demostrando lo que es cierto acerca del agnosticismo, a saber que busca ser un camino provisorio en la búsqueda de la verdad y que cede ante una perspectiva más razonable y menos escéptica de la vida y de toda la realidad.

“Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa” (San Pablo, Romanos 1:20).

“Dice el necio en su corazón: ‘No hay Dios'” (rey David, Salmos 14:1).
Notas
1. Webster’s New Collegiate Dictionary (Springfield, Mass.: G. & C. Merriam Co., Publishers, 1953), s.v. “metaphysics”, 528.
2. Anthony Kenny, Five Ways (London: Routledge Kegan Paul, 1969), 66.
3. Carl Sagan, Cosmos (New York: Random House, 1980), 4.
4. David Hume, An Enquiry: Concerning Human Understanding, Great Books of the Western World, vol. 35 (Chicago: William Benton, 1952), 506.
5. Robert Jastrow, God and the Astronomers (New York: W.W. Norton,, 1978), 94-95.
6. Ibid., p. 15.
7. Ibid., 15-16.
8. Robert Jastrow, “A Scientist Caught Betwen Two Faiths,” entrevistado por Bill Durbin, Christianity Today, 26 (6 August 1982):14-18.
9. Walter L. Bradley, “Is There Scientific Evidence for an Intelligent Creator of the Universe?” (lecture given at High Ground Men’s Conference, Beaver Creek, Colo., Ponencia dada en High Ground Men’s Conference, 2 March, 2001).
10. C.S. Lewis, Mere Christianity (New York: MacMillan, 1943), 18.
11. Ibid., 45.
12. Ibid., 70-71.
13. Webster’s New Collegiate Dictionary, s.v. “agnosticism.”
14. Leith Samuel, Impossibility of Agnosticism (Downers Grove, Ill: InterVarsity, n.d.).
© 2002 Probe Ministries. Todos los derechos reservados.
Traducción: Alejandro Field http://www.ministeriosprobe.org/docs/existe.html

2 comentarios

  1. Bah, los católico romanos siempre intentando demostrar a Dios mediante la mera razón, cuando eso es imposible. Suerte que los ortodoxos no pensamos de esa manera…

    “Hacer el cristianismo verosímil sería el final del cristianismo”, dijo el teólogo ortodoxo Pavel Evdoimov con gran acierto…

    😀

  2. Yo no les quitaría merito, por lo menos defienden su postura tratando de evocar algo mas que la Fe, si, el razonamiento lógico no es lo mismo que lo empírico, pero se acerca bastante a la realidad, si es por divagar en mundos Oníricos, con Fe creería hasta en duendes. Me gusta que la gente defienda lo que cree, pero cuando lo hace con buenas bases.

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