Hoy Dios no está aquí ni vendrá (Contra) 2ª parte

Por qué no existe Dios?
Científicamente: por qué no existe Dios? Jamás se ha demostrado, ni se ha observado, ni se ha contrastado, ni se ha reducido a las matemáticas la existencia de Dios. El método científico, el más válido para nuestro conocimiento, se basa en el razonamiento para sacar hipótesis, y en la observación y la medición para comprobarlas. Un experimento científico debe poderse repetir en cualquier lugar y con cualquier persona.
En primer lugar, jamás se ha observado a Dios. No se puede hacer ciencia de algo que jamás se ha observado, es totalmente absurdo. Como el primer paso del método científico es la observación, y éste falla, no podemos seguir ni con mediciones ( es absurdo intentar medir a Dios si ni siquiera le hemos observado ni sabemos qué es realmente), ni con hipótesis, ni con comprobaciones o reducción a leyes matemáticas.
Algo que no se ha observado jamás, por principio no existe. Si, pongamos un ejemplo, estoy solo en una habitación vacía y me dicen que hay otra persona junto a mí, por principio esa persona no existe hasta que no demuestre lo contrario. Es igual que en un estado Democrático: alguien es inocente hasta que no se demuestre lo contrario. Es más, ni siquiera la Ciencia nos aporta una mínima pista que nos permita sospechar que Dios sí existe. ¿De qué está hecho Dios? ¿Dónde se encuentra? Las respuestas religiosas comunes a estas preguntas son totalmente absurdas desde un punto de vista puramente científico. ¿Qué es eso de “espíritu”? El Universo sólo está hecho de materia y energía. Si Dios no es materia ni energía, ¿qué coño es? “Dios se encuentra en todas partes” científicamente es absurdo, ya que sabemos que la materia es espacio casi totalmente vacío.
Varios han sido los intentos de encontrar científicamente a Dios o a algo relacionado con él, y todos han fracasado. Una vez se pesó un cuerpo recién muerto, y otro vivo, para determinar la masa del espíritu o alma. Las diferencias no fueron apreciables. Las preguntas que antes se contestaban religiosamente (quién ha creado el Mundo, por qué vivimos, qué son los astros, etc.) ahora tienen respuesta puramente científica que por supuesto ha anulado a la mística (o supersticiosa, o religiosa… como la queramos llamar). Sabemos incluso el origen del Universo y su fin (la teoría del Big-Bang, demostrada ya recientemente). Las únicas gran incógnitas en las cuales la religión aún se refugia son: Qué había antes del Big-Bang y qué lo provocó. Qué hay fuera de nuestro universo. En ambos casos, la respuesta religiosa es, obviamente, Dios.
Pero nos damos cuenta, únicamente con conocer un poco de Física, que ambas preguntas (y por lo tanto sus respuestas) no son válidas ni caben hacérselas bajo ningún concepto. La primera implica un concepto temporal (qué había antes del origen), y la segunda uno espacial (qué hay fuera del Universo). Nuestro universo tiene tres dimensiones espaciales y al menos una temporal, por ello los conceptos relacionados con el espacio y con el tiempo sólo tienen cabida en nuestro propio Universo. Si existen otros, sus dimensiones son totalmente inimaginables. Así pues, el tiempo y el espacio nacieron junto con el Universo, por eso no cabe preguntarse que había antes del origen (porque el tiempo no existía) o qué hay fuera del Universo (porque el espacio sólo existe aquí dentro). Así pues, vemos que efectivamente la Ciencia por fin, después de tantos milenios de existencia humana, ha anulado completamente a la Religión. Las personas que creen aún en Dios son aquellas que necesitan la seguridad moral que un ser superior proporciona, o aquellas que no poseen los suficientes conocimientos científicos (que no por ello dejan de ser básicos y al alcance de todos).
Además, la ciencia no nos deja ni siquiera un ápice de incertidumbre en el que refugiarnos. Todo se puede reducir a leyes matemáticas, todo se puede controlar. No hay nada extraño. Incluso detrás de fenómenos aparentemente caóticos se esconde siempre el orden. Sabemos que el Universo es finito en espacio y en tiempo. Conocemos todos los misterios de la vida, y no encontramos nada “raro” en nuestro interior… todo es química: el amor, los sentimientos, la razón, el movimiento, los pensamientos… todo se puede reducir a combinaciones y reacciones entre átomos. ¿Dónde está lo extraño? Sabemos de dónde venimos, y a dónde vamos. Conocemos la historia natural de nuestro planeta, y de sus especies (incluida la nuestra). Cada vez nos adentramos más en la física de lo muy pequeño (física cuántica) y seguimos sin encontrar nada que la ciencia no pueda analizar. ¿Dónde se encuentra, pues, nuestro Dios? Ha muerto bajo el puñal de la Ciencia. ( Autor: CARLOS GRIMA )

El manual del perfecto Ateo:

Este es muy completo y bastante entretenido.

“A continuación analizaremos como se hizo la Biblia. La Biblia no existió sino hasta el siglo IV después de Cristo, cuando san Jerónimo reunió todos los manuscritos hebreos conocidos (unos 500, dicen las crónicas) y seguro que inspirado por el espíritu santo, eligió los libros mas legibles, naciendo así la VULGATA (Biblia Vulgata), la cual aprobó el concilio de Trento tras 10 años de discusiones .
Otra inexplicable curiosidad de la Biblia es la fecha de lo escrito bajo dictado divino: la arqueología sólo cuenta con los originales hebreos del año 916 después de Cristo, aunque la leyenda asegura (como leyenda) que 3 siglos antes de Cristo varios textos hebreos fueron traducidos al griego por 70 traductores en Alejandría, por órdenes del faraón Tolomeo II, de lo cual no existe ni una triste prueba. Si el hombre tiene un millón de años sobre la tierra… ¿Por qué se tardo tanto dios en dictar sus leyes?, ¡Y el primer escrito (sobre hueso) conocido tiene 40 mil años de existencia!. De lo que se deduce que los dioses fueron muy descuidados en hacer llegar al hombre sus mandatos, al esperar tanto tiempo en darse a conocer, o usando la lógica, la historia y la arqueología, etnografía y sentido común, digamos que todo eso de la Biblia como sagrada es un cuento de las mil y una noches. Pues resulta infantil hacernos cree que un libro tan mal escrito, con tantos errores de tipo histórico, científico, filosófico, tan lleno de contradicciones, falsedades y aberraciones, sea la “palabra sagrada”, el libro inspirado por un dios sabio y todo poderoso.
Reseñar todas las falsedades errores garrafales y ridiculeces de la Biblia nos puede llevar toda una vida de modo que solo voy a mencionar algunas tonterías del libro inspirado por dios.
Dios aseguran los teólogos es perfección ¿Cómo iba entonces un ser perfecto ser el autor intelectual de un libro tan contradictorio como la sagrada Biblia?, pasare a demostrarlo antes que me digan hablador.

Génesis 1:31 “y vio dios todo lo que había hecho y vio que era bueno en gran manera”, Génesis 6:6 “y arrepintiose Jehová de haber hecho al hombre en la tierra y pesóle en su corazón”. O sea que al ser perfecto le salió un ser imperfecto.

Génesis 32:30 “porque vi a dios cara a cara y fue librada mi alma”, Éxodo 33:20 “dijo Jehová: no podrás ver mi rostro porque no me vera hombre y vivirá”. ¿Le vio la cara Jehová a Moisés o no?.

Génesis 3:9,10 “y llamo Jehová Dios al hombre y le dijo: ¿Dónde estas tu? y el respondió: oí tu voz en el huerto y tuve miedo porque…”. Juan 5:37 “y el que me envió, el padre ha dado testimonio de mi. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer”. ¿Alguien oyó la voz de don Dios?, y si nadie lo ha oído ¿Cómo dictó entonces sus memorias?.

Mateo 19:26 “para dios no hay imposibles”. Jueces 1:19 “y fue Jehová con Judá y echó a los de las montañas, mas no pudo echar a los que vivían en el llano porque tenían carros de hierro”.

¿Qué clase de dios es el que inspiró tantas contradicciones?, ¿Es dios de paz y amor, o dios de guerra y odio?. Romanos 15:33 “y el dios de paz sea con vosotros”. Timoteo 2:4 “el cual quiere que todos los hombres sean salvos…”. Salmos 18:41 “clamaron y no hubo quien los salvase; aún a Jehová y no los salvó…”. Éxodo 15:3 “Jehová, dios señor de guerra, Jehová es su nombre…”. Jeremías 13:13,14 “así ha dicho Jehová: llenaré de embriaguez a todos los moradores de esta tierra… y quebrantarelos el uno con el otro, los padres con los hijos, dice Jehová: no perdonaré, ni tendré piedad ni misericordia para no destruirlos…”. Salmos 45:8,9 “bueno es Jehová para con todos, clemente y misericordioso, lento para la ira y grande para el perdón”. Samuel 24:1,15 “y volvió el furor de Jehová a encenderse contra Israel y envió Jehová pestilencia a Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado y murieron 70,000 hombres…” . ¡Vaya geniecito!
Y si queremos enterarnos de las propiedades visuales del dios bíblico, tendremos algunos problemas para hacerlo:

Proverbio 15:3 “los ojos de Jehová, están en todo lugar”. Job 34:21 “porque sus ojos están sobre todos los caminos del hombre y ve todos sus pasos”. Y entonces como es que se le escondió Adán? Génesis 3:8 “y escondiose el hombre y su mujer de la presencia de Jehová dios entre los árboles del huerto…”.

Estas son solo unas cuantas de los miles y miles de contradicciones que pagina tras pagina contiene la Biblia, cuya lectura no recomienda la iglesia católica (la lectura critica por supuesto). La iglesia católica ante la avalancha de criticas a la Biblia ha reconocido casi por completo el carácter “legendario” de sus textos, pero de lo que si se responsabiliza y apoya su autenticidad es del “Nuevo testamento”, o sea la historia de Cristo “hijo” de Dios.
“Los evangelios cuya autenticidad, integridad y veracidad nadie puede poner en duda, prueban con certeza la revelación divina…”, escribe el padre Hillaire en el libro la religión demostrada, el mismo libro, uno de los mas usados y acreditados por la iglesia, afirma en la pagina 152:

“P: ¿Debemos creer todo lo que contienen los evangelios?, R: Si, porque se debe creer en un libro histórico cuando es autentico, integro y veraz. Nosotros los cristianos creemos que los evangelios son los libros inspirados, es decir que los apóstoles y sus discípulos los han escrito siguiendo el impulso del espíritu santo, que se los dicto.”

“Un libro es autentico cuando ha sido escrito en la época y por el autor que le asignan, un libro es integro cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración, tal como fue escrito por su autor, un libro es verídico cuando el autor no puede ser sospechoso de error o mentira”.
Sin embargo, el estudio de los evangelios a través de los siglos ha demostrado (con bases científicas) que distan mucho de ser auténticos, íntegros y verídicos. En los primeros años del cristianismo se afirmaba que los evangelios habían sido escritos por ángeles. Pero resultaba un tanto difícil de explicar quienes eran los ángeles de modo y manera que se opto por decir que los 4 evangelios eran obra de los mismos discípulos de Jesús: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; solo que faltaba un detallito sin importancia: los apóstoles no sabían leer ni escribir. En esos tiempos el analfabetismo era casi general, solo una minoría sabia leer… y entre esa minoría no estaban los apóstoles, que eran pescadores sin escuela alguna”
http://ar.geocities.com/espadasyserpien77es/libros/anonimomanualdelperfectoateo.html

El anticristo

“El hecho del Evangelio se decide con la muerte, está suspendido de la Cruz… Precisamente la muerte, aquella muerte inesperada y vergonzosa; precisamente la cruz, que en general estaba reservada solamente a la canalla, sólo esta horrible paradoja puso a los discípulos frente al verdadero enigma: ¿quién era éste?, ¿qué era esto? El sentimiento sacudido y profundamente ofendido, la sospecha de que semejante muerte pudiera ser la refutación de su causa, el terrible signo de interrogación ¿por que precisamente así?, este estado de ánimo se comprende harto fácilmente. Aquí todo debía ser necesario, tenía un sentido, una razón, una altísima razón; el amor de un discípulo no conoce e! azar. Sólo entonces se abrió el abismo: ¿quién lo abrió?,
¿quién fue su enemigo natural? Esta pregunta fue lanzada como un relámpago. Respuesta: el judaísmo “dominante”, su clase más alta. Desde aquel momento los hombres se sintieron en rebelión contra el orden social, al punto se sintió a Jesús como en rebelión contra el orden social. Hasta entonces faltaba en su figura este rasgo belicoso, negador, por la palabra y la acción; aún es más: era todo lo contrario.
Evidentemente, la pequeña comunidad no comprendió justamente lo principal, lo que constituía un modelo en este modo de morir: la libertad, la superioridad sobre todo sentimiento de rencor; ¡signo de cuán poco se comprendía de él en general! En sí, Jesús, con su muerte, no pudo querer otra cosa que dar públicamente la prueba, la demostración poderosa de su doctrina… Pero sus discípulos estaban muy lejos de perdonar su muerte, lo que habría sido evangélico en el más alto sentido, o de “ofrecerse” a semejante muerte con dulce y amable tranquilidad de corazón… Prevaleció el sentimiento menos evangélico: la venganza. Era imposible que la causa concluyese con esa muerte: hubo necesidad de represalias, de juicio (y, sin embargo, ¿qué cosa menos evangélica que la represalia; el castigo, el juzgar?) Una vez más pasó al primer término la expectación popular de un Mesías; se tomó en consideración un momento histórico: el reino de Dios había de venir para juzgar a sus enemigos… Pero con esto se confundió todo: ¡el reino de Dios considerado como acto final, como promesa! El Evangelio, sin embargo, había sido precisamente la existencia, el cumplimiento, la realidad de este reino de. Dios. Entonces precisamente se introdujo en el tipo del maestro todo el desprecio y la amargura contra los fariseos y los teólogos, ¡y con este se hizo de él un fariseo y un teólogo! Por otra parte, la salvaje veneración de estas almas salidas completamente de sus quicios no toleró ya la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios, igualdad evangélica que Jesús había predicado: su venganza consistió en levantar en alto a Jesús de un modo extravagante, en separarlo de ellos: lo mismo que en otro tiempo los hebreos, para vengarse de sus enemigos, separaron de ellos a su propio Dios y lo elevaron en alto. El Dios único, el único hijo de Dios; ambos son productos del rencor…

Entonces surgió un absurdo problema: ¿cómo pudo Dios permitir esto? A esta pregunta, la razón de la pequeña comunidad perturbada encontró una respuesta terriblemente absurda: Dios dio su hijo para la remisión de los pecados, como víctima. ¡De este modo se concluyó de un golpe con el Evangelio! ¡El sacrificio expiatorio, en su forma más repugnante y bárbara, el sacrifico del inocente por los pecados de los pecadores! ¿Qué horrible paganismo! Jesús había abolido el mismo concepto de culpa; negado todo abismo entre Dios y el hombre; había concebido esta unidad entre Dios y el hombre como su buena nueva… ¡Y no como privilegio! ¡Desde aquel momento se llegó, gradualmente, a crear el tipo de redentor: la doctrina del Juicio y del retorno, la doctrina de la muerte como una muerte expiatoria, la doctrina de la resurrección, con la que es anulado todo el concepto de bienaventuranza, la única y total realidad del Evangelio, en provecho de un estado subsiguiente a la muerte… Pablo logificó luego sobre esta concepción, sobre esta imprudente concepción, con aquella desfachatez rabínica que le distinguía en todas las ocasiones: “si Cristo no resucitó después de la muerte, nuestra fe es vana”. Y de golpe se hizo del Evangelio la más despreciable de todas las promesas irrealizables: la impúdica doctrina de la inmortalidad personal…! ¡Pablo mismo la predicó como una recompensa!…”

“La critica del concepto cristiano de Dios nos lleva a idéntica conclusión. En este concepto venera el cristiano las condiciones en virtud de las cuales se distinguen sus propias virtudes; proyecta el goce que encuentra en si mismo su sentimiento de poderlo en un ser al cual pueda estar agradecido por estas cualidades. Quien es rico quiere donar; un pueblo feroz tiene necesidad de un Dios para hacer sacrificios… La religión, dentro de estas mismas premisas, es una forma de gratitud. Se es reconocido consigo mismo; para esto se tiene necesidad de un Dios. Un Dios semejante debe poder ayudar y damnificar, debe ser amigo y enemigo; se le admira en el bien como en el mal.
La castración, contraria a la naturaleza, de un Dios para hacer de él un Dios sólo del bien, estaría aquí fuera de toda deseabilidad. Hay necesidad del Dios malo tanto como del Dios bueno; no se debe la propia existencia precisamente a la tolerancia, a la filantropía… ¿Qué importancia tendría un Dios que no conociera la cólera, la venganza, la envidia, el escarnio. la violencia? ¿Que no conociera ni siquiera los fascinadores apasionamientos de la victoria y del aniquilamiento? Semejante Dios no se concebiría: ¿qué objeto tendría? Claro está que cuando un pueblo perece, cuando siente desvanecerse definitivamente la fe en su porvenir, la esperanza en su libertad; cuando la sujeción le parece la primera utilidad y las virtudes del esclavo son para él condiciones de conservación, entonces su Dios también debe transformarse. Entonces se hace astuto, miedoso, modesto, aconseja la paz del alma, el no odiar, la indulgencia hasta el amor del amigo y del enemigo. Moraliza siempre, se arrastra en la caverna de las virtudes privadas, se convierte en Dios para todos, se hace un hombre privado, cosmopolita… En otro tiempo, el Dios representaba un pueblo, la fuerza de un pueblo, todo lo que de agresivo y de sediento de poderlo anidaba en el alma de un pueblo: ahora es simplemente el buen Dios… En realidad, para los dioses no hay otra disyuntiva: o son la voluntad de poderío, y entonces serán los Dioses de un pueblo, o son la incapacidad de poderlo, y entonces se hacen necesariamente buenos…

Donde en cualquier forma declina la voluntad de poderío, se da siempre a la vez una regresión fisiológica, una decadencia. La divinidad de la decadencia, mutilada de sus virtudes y de sus instintos viriles, es ahora necesariamente el Dios de los degenerados fisiológicamente, de los débiles. Estos no se llaman a sí mismos los débiles: se llaman los “buenos”… Se comprende sin necesidad de explicaciones en qué momento de la historia se hace justamente posible la ficción dualística de un Dios bueno y de un Dios malo. Con el mismo instinto con que los sometidos rebajan su Dios al grado de bien en si, cancelan las cualidades buenas del Dios de los vencedores; se vengan de su amo, haciendo del Dios de éstos un diablo. El Dios bueno es así también el diablo: ambos son partes de la decadencia. ¿Cómo es posible haberse rendido tanto a la simpleza de los teólogos cristianos, que se haya llegado a decretar con ellos que la evolución del concepto de Dios, del Dios de Israel, del Dios de un pueblo al Dios cristiano, al compendio de todos los bienes, es un progreso? Pero el mismo Renan lo decretó así. ¡Como si Renan tuviera el derecho dé ser simple! Sin embargo, lo contrario salta a los ojos. Si la suposición de la vida “ascendente”, si todo lo que es fuerte. valeroso, soberano, fiero, es eliminado del concepto de Dios; si, paulatinamente, Dios se rebaja hasta llegar a ser el símbolo de un báculo para los fatigados, un áncora de salvación para todos los náufragos; si llega a ser el Dios de los pobres, el Dios de los pecadores, el Dios de los enfermos por excelencia, y el predicado dé salvador, redentor queda, por decirlo así, como el predicado divino en general, ¿de qué nos habla semejante transformación, semejante reducción de la divinidad? En efecto: con esto el reino de Dios ha llegado a ser más grande. En otro tiempo, Dios sólo tenía su pueblo, su pueblo elegido. Después se marchó al extranjero, lo mismo que su pueblo, en peregrinación, y desde entonces ha residido ya fijamente en parte alguna: desde que se encontró dondequiera en su casa él, el gran cosmopolita, desde que no tuvo de su parte el gran número y la mitad de la tierra. Pero el Dios del gran número, el demócrata entre los dioses, no por esto se hizo un. fiero Dios pagano; siguió siendo hebreo, siguió siendo el Dios de todos los rincones y lugares oscuros, de todos los barrios insalubres del mundo entero… Luego como antes, su reino mundial es un reino del mundo subterráneo, un hospital, un reino de ghetto… Y él mismo es tan pálido, tan débil, tan decadente… Hasta los más pálidos entre los pálidos se hicieron dueños de él; los señores metafísicos, los albinos de la idea. Estos tejieron lentamente en torno a él su telaraña, hasta que él, hipnotizado por sus movimientos, se convirtió a su vez en una araña, en un metafísica. Y entonces tejió el mundo, sacándolo de si mismo – sub specie Spinozae -; entonces se transfiguró en un ser cada vez más sutil y pálido, se convirtió en ideal, se hizo espíritu puro, llegó a ser lo absoluto, la cosa en si… Decadencia de un Dios: Dios se hizo cosa en si…” ( extracto de “El anticristo” del autor Nietzsche Friedrich)

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