El amor gay

Un día, tuve un pensamiento algo singular con respecto a un texto que leía, este era un extracto de la novela de Ligeia_by_MirrorCradleterror “Ligeia” del autor Edgar Allan Poe. El crea un personaje llamado Jonathan Merrick que admira a una mujer Ligeia (Skya) por su admirable belleza, que lamentablemente, padece de cáncer terminal y que con métodos fantásticos busca la vida eterna. Ella trata de seducirlo para que lo ayude en sus planes macabros de inmortalidad.

Noté que a pesar de su trama espeluznante había escondido entre sus letras un “amor transparente” que demostraba el pensar del hombre hacia la mujer que aquí era la persona de Ligeia, era un encantamiento a su belleza…..pero los adjetivos alrededor de ella eran la expresión más unánime del hombre entorno a la hermosura de la mujer, proyectar sobre las letras el amor con tal acertividad me hizo imaginar…..y ¿Cómo será el amor gay?,¿Serán igual de pasionales?, sé que no tiene relación al texto, y que es producto de mi ignorancia, y que quizás es algo absurdo para alguien homosexual, pero me nació….Luego lo releí pero asumiendo ser gay y así me quedó:

…”Hay un tema dilecto, empero, sobre el cual no falla mi memoria. Es este la persona de Octavio. Era de alta estatura, más bien delgado, e incluso en los últimos días algo demacrado. Intentaría yo en vano describir la majestad, la tranquila soltura de su porte o la incomparable ligereza y flexibilidad de su paso. Llegaba y partía como una sombra. No me daba cuenta jamás de su entrada en mi cuarto de estudio, salvo por la amada música de su apagada y dulce voz, cuando pasaba su marmórea mano sobre mi hombro. En cuanto a la belleza de su faz, ninguna doncella la ha igualado nunca. Era el esplendor de un sueño de opio, una visión aérea y encantadora, más ardorosamente divina que las fantasías que revuelan alrededor de las almas dormidas de las hijas de Delos. Con todo, sus rasgos no poseían ese modelado regular que nos han enseñado falsamente a reverenciar en las obras del paganismo. “No hay belleza exquisita -dice Bancon, lord Verulam-, hablando con certidumbre de todas las formas y género de belleza, sin algo extraño en la proporción”. No obstante, aunque yo veía que los rasgos de Octavio no poseían una regularidad clásica, aunque notaba que su belleza era realmente “exquisita”, y sentía que había en ella mucho de “extraño”, me esforzaba en vano por descubrir la irregularidad y por perseguir los indicios de mi propia percepción de “lo extraño”. Examinaba el contorno de la frente alta y pálida -una frente irreprochable: ¡cuán fría es, en verdad, esta palabra cuando se aplica a una majestad tan divina!-, la piel que competía con el más puro marfil, la amplitud imponente, la serenidad, la graciosa prominencia de las regiones que dominaban las sienes; y luego aquella cabellera de un color negro como plumaje de cuervo, brillante, profusa, naturalmente rizada, y que demostraba toda la potencia del epíteto homérico, “¡jacintina!”. Miraba yo las líneas delicadas de la nariz, y en ninguna parte más que en los graciosos medallones hebraicos había contemplado una perfección semejante. Era la misma tersura de superficie, la tendencia casi imperceptible a lo aguileño, las mismas aletas curvadas con armonía que revelan un espíritu libre. Contemplaba yo la dulce boca. Encerraba el triunfo de todas las cosas celestiales: la curva magnífica del labio superior, un poco corto; el aire suave y voluptuosamente reposado del inferior; los hoyuelos que se marcaban y el olor que hablaba…” (Adaptación del texto original de LigeiaEdgar Allan Poe)

Claro que no sólo lo sentí como una expresión de un homosexual hombre a hombre, sino también, como de mujer a mujer. Concluí que la única diferencia de un amor hetero y homo es su género, que por lo demás es banal, que las relaciones humanas se tergiversan por el motivo de ser diferente, que el amor no cambiará si soy hombre, mujer, homosexual o bisexual (claro que este último debiese ser mas elocuente en su expresión) ya que lo físico no importa mientras haya afecto y no provoquen daño a sus pares. Al que le moleste un gay por su condición debiese autoanalizarse. Al que le moleste la sensibilidad masculina también. Al que le moleste hombres con hombres y mujeres con mujeres de la mano igual. Al que le moleste una mujer varonil debe aceptar. El respeto en todo caso debe ser reciproco, no por ser gay pueden hacer de todo en todos lados ya que hay que adecuarse al contexto. Si les molesta ver a niños o adolescentes con esa misma actitud de “transgredir” el género, enséñeles desde chicos a respetar y a amar, para cuando ellos tengan discernimiento de lo que hagan, sepan a quien escoger y por qué.

Acotación:

Suena algo increíble el haber llegado a tal conclusión sólo con un texto y nada mas, aunque yo creo que así es el modo figurativo del amor en general, el idolatrar…ésta fue mi excusa para defender a aquellos que no hacen mal a nadie….VIVA EL AMOR…

2 comentarios

  1. todos tenemos el mismo derecho de amar y ser amado el sexo no importa y nadie sabe lo que trae el moral mas que el que lo viene cargando…”el que quiera entender que entienda.. no se puede olcutar el aroma de una flor”…txus..mago de oz (obviamente)

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